Aikido, conscientes de ser

Por Marcos Peña

El Aikido como herramienta de expresión corporal debe desarrollarse a través del tamiz de la conciencia. Las técnicas del aikido deben estar nutridas por la conciencia, la atención, la percepción y la precisión.
Esta Consciencia no sólo debe descansar en el plano mental sino sobre todo en el plano corporal. El aikido es una actividad que se desarrolla con la mente pero que tiene su base en el cuerpo. La introspección consciente transforma los sentidos, transforma la imagen mental de las construcciones del ser, atravesadas, organizadas, actualizadas en el “aquí y ahora”. Ello exige la necesidad de tomar consciencia, de un hacer a consciencia y una exploración con y desde esa consciencia.
En el Aikido es fundamental el aspecto de la consciencia, estar consciente, sentir, sentirse, a través de una atención que se va ampliando, profundizando, enriqueciendo, a la vez dirigida y abierta, a la expectativa de ver qué ocurre.

Por eso la consciencia es autoconocimiento y el autoconocimiento es consciencia.
La atención es un aspecto esencial, primario, conectado directamente con la consciencia; la consciencia depende de la atención; es dirigir aquella voluntariamente en un sentido determinado, con un centro preciso: el cuerpo y sus sensaciones, su interioridad y la captación del mundo externo; estar atentos a las informaciones que envían los órganos de los sentidos desde el propio cuerpo permitirá progresivamente, reconocer y comprender los mensajes que provienen de él.

Siempre les digo a mis estudiantes que las propuestas de trabajo en el Aikido deben estar diseñadas para producir un cambio en la dirección y en las cualidades de la atención, generando una modificación del ser consciente, que puede ser perceptible; trascendiendo al estado de “estar” para “ser”, en ese estado de “alerta”, el cuerpo capta lo que ocurre en el momento presente.

Estos procesos se producen con el tiempo de práctica consciente y con sentido, no se produce inmediatamente. La práctica consciente favorece poco a poco que el practicante se sienta cómodo con “su cuerpo” y pueda adquirir nuevas pautas de movimiento conforme a éste; se trata de aprender nuevas formas de movimientos más adecuados a la realidad de cada practicante. Esto permite que el estudiante eche una mirada hacia su interior para entender y sentir mucho mejor el mundo exterior, desarrollando una percepción más precisa de la totalidad de su ser y de las acciones que recibe.
Como fácilmente puede entenderse, la atención es una actividad… (artículo entero en la revista).

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