The GrandMaster

Por Golem Distribución

La autora y traductora Linda Jaivin entrevistó a Tony Leung en Bangkok, durante la posproducción de THE GRANDMASTER. Hablaron en mandarín.

Nos han comentado aspectos del entrenamiento físico al que se sometió, pero ¿siguió alguna forma de preparación mental?

El director me dio muchos libros acerca de los maestros del norte, pero muy poca información acerca de Ip Man. Qué curioso, creía que se había escrito mucho sobre él.

Y así es, pero no me dio mucha información. Que- ría que me documentara acerca de Bruce Lee. El personaje debía ser una fusión entre Ip Man y Bruce Lee. Hace diez años que trabajo con Wong Kar Wai, la con anza es mutua. La película no intenta ser un documental, queríamos crear una especie de ideal, un Ip Man “perfecto”. Personalmente creo que Ip Man era un hombre amable, civilizado, un pensador, un caballero. Pero cuando luchaba, se transformaba, se volvía ero, casi un animal. Me pareció fascinante. Este hombre, hijo de un terrateniente, lo había tenido todo hasta los 40 años. De pronto, se quedó sin nada, pero volvió a levantarse. Entre el director y yo creamos una visión idealizada de Ip Man. Es el personaje más positivo que he interpretado en una película de Wong Kar Wai.

¿Positivo en qué sentido?

Era muy optimista. Tenía que serlo para mante- nerse en pie después de todo lo que le ocurrió. Dun- can Leung, mi maestro de Wing Tsun, me habló de Ip Man cuando llegó a Hong Kong. Había pasado del paraíso al in erno. No tenía nada. Había perdido su hogar, su fortuna, su familia, sus dos hijas habían muerto. Al parecer, ni siquiera tenía una manta con la que taparse. Pero siguió mirando la vida con una sonrisa. Creo que el Kung Fu modeló e inspiró su vida. Para Bruce Lee fue lo contrario: La vida modeló e inspiró su Kung Fu. Bruce estudió losofía, taoísmo para ser más exacto. Los dos llegaron al mismo punto por caminos diferentes. Ip Man le hizo entender que el Kung Fu no era solo un entrenamiento físico ni una forma de defensa, sino una forma de vida. No lo entendí hasta que empecé a aprender Kung Fu. Me ayudó a que los combates fueran mucho más auténticos, y también me sirvió para meterme en el personaje. Por eso entiendo que el director consi- derase necesario que me sometiera a un entrena- miento físico tan largo y duro. De hecho, me rompí el brazo en dos ocasiones.

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