La opinión de Ángel García-Soldado

Por Ángel García-Soldado

Mind-Body-Spirit

“Si empiezas con certezas, acabarás con dudas, si comienzas con dudas, encontrarás algunas certezas”

Aquellos que me conocen bien saben de mi escrupuloso sentido del realismo y pragmatismo en lo que a AAMM se refiere. Me cuesta asimilar la semejanza entre defensa personal pura y real, y la disciplina espiritual y a veces metafísica que envuelve a muchas AAMM de las denominadas tradicionales, si bien reconozco que a veces, a través de mis dudas, he llegado a determinadas certezas y contradicciones en mis conclusiones. En algunas ocasiones la simple ejecución de una técnica me lleva a plantearme preguntas acerca de una cierta espiritualidad que envuelve nuestros actos a la hora de enfrentarnos con el dolor o la muerte, porque si nos preparamos para situaciones reales que conllevarían infligir o recibir golpes cuyo resultado puede producir como mínimo contusiones y, en mayor medida, heridas graves e incluso la muerte, deberíamos tomarnos más en serio algunas cuestiones.
Quizá esto para muchos suponga un tabú (sobre todo para aquellos que ven en la práctica de un arte marcial una simple formación deportiva o un hobby). En cualquier arte marcial la presencia de la muerte debería ser algo natural y, aunque algunos no se lo planteen, casi todo lo que hacemos gira en torno a ella: cada ataque o contraataque se realiza como si nos fuera la vida en ello y esto, sin duda, ha de ser así, pues es la única forma de afrontar el miedo que en una situación real nos paralizaría y haría que nuestras reacciones fueran rígidas e irracionales y que respondiéramos al ataque de forma ciega. Esto supondrá un gran obstáculo para un artista marcial que no profundiza en determinadas situaciones cercanas a la realidad en todos y cada uno de sus actos.
Cuando entrenamos en el dojo una técnica contra cuchillo y lo hacemos con un arma de madera o de goma y ante un atacante complaciente, es evidente que todo se desarrolla de una forma limpia, estética y segura. Pero lo cierto es que en una situación real esto no sería así. En el mejor de los casos habría que asumir los pinchazos o cortes, y sin duda esto mediatizaría nuestra actitud y, por consiguiente, el desarrollo y ejecución de la técnica… (artículo entero en la revista).

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