James Masayoshi Mitose

El padre de nuestro Kenpo (1)

Por Gorka Asiain Riezu
Kenjukabo CN 6º Dan
cervino@ono.com
www.kenjukabo.com

Docenas de miles de practicantes en muchos países se colocan todas las semanas el kenpogui negro y realizan un saludo característico, formando parte de un estilo de luchar conocido en todo el mundo desde hace muchos años: el KENPO. Un hombre es el responsable máximo de este hecho casi mágico. Era un hombre no muy alto, poco musculado, rozaba la timidez, era humilde y metódico, y portaba en sus manos el legado marcial de su familia materna, el Clan Komatsu-Yoshida de Japón. Si este hombre que golpeaba con maestría el makiwara no hubiera nacido en Hawái el 30 de diciembre de 1916, ninguno de nosotros habríamos accedido jamás al magnífico sistema Kenpo; estamos hablando del Gran Maestro James Masayoshi Mitose.
Su nombre japonés, Masakichi Mitose, cambió partir de 1937 a James Masayoshi Mitose. Aunque sus padres eran japoneses, él nació en Kona (Hawái) en una plantación de café; era pues por nacimiento ciudadano americano. Sin embargo su educación y formación serían plenamente japonesas ya que a la edad de tres años fue llevado a la tierra de su clan materno en Japón. Esto ocurrió el 22 de octubre de 1920 y lo hizo en compañía de su hermana mayor y un amigo de la familia llamado Muriki. Esta hermana no regresaría ya nunca a Hawái. Otras hermanas suyas que también fueron llevadas a Japón, sí regresarían a Hawái también como expertas en el arte de la familia. Este fue el caso de Fusae Oshita. El caso es que la formación y educación de Mitose estuvo muy ligada a la cultura y tradiciones ancestrales del pueblo japonés.

Decisiva influencia de su familia materna
El padre de Mitose se llamaba Otokichi Mitose, nació en 1863 en Kumamoto (situado en la isla Kyushu, al sur de Japón) y viajo a Hawái en junio de 1891 con el objetivo de trabajar como obrero en las plantaciones. Pertenecía a una familia japonesa humilde, era analfabeto y no podía escribir. Para muchos japoneses y okinawenses, Hawái era la oportunidad de escapar de la pobreza y encontrar un futuro mejor. Aunque el Hawái de aquellos años nada tenía que ver con el “turístico de alto nivel” que hoy conocemos. Entonces, la economía de las islas se basaba en las plantaciones de caña de azúcar y piña, que se surtían de mano de obra de origen asiático principalmente (japoneses, okinawenses, chinos, filipinos, etc.). Para hacernos una idea de lo importante que era este proceso migratorio provocado por razones económicas, baste decir que sólo en 1940, arribaron a Hawái desde Okinawa 13.143 personas… (artículo entero en la revista)

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