El filo y sus cosas

Por Ángel García-Soldado

El otro día leí por casualidad un, digamos, buen articulo de defensa contra cuchillo, incluso aportaba un estudio pormenorizado así como una estadística, sin embargo a mi me parece que eso trivializa de alguna manera la cruda realidad, y es que cualquier estudio, por muy serio que sea, desarrollado con tipos que jamás han apuñalado a nadie y tipos que nunca han sido apuñalados, si además se lleva a cabo con un cuchillo de goma, eso si impregnado de pintura, sin animo de ofender a mi modo de ver carece de rigor científico ya que no se dan las verdaderas circunstancias que si se darían en una situación real y todo lo que ello mediatiza a los dos actores en cuestión, y si además se comienza con el consejito de Perogrullo de, “si puedes correr…corre”, mal empezamos.
No se pueden ningunear trabajos desarrollados a partir de la premisa de ser conscientes de la presencia del arma en la mano del agresor, es decir cuando la usa para intimidar y luego atacar, porque si lo que el agresor quiere es apuñalarte sin que te enteres, lo va a hacer y esto también es de Perogrullo, nada podrás hacer para evitarlo, también se puede dar el caso de que el agresor no sea todo un experto en el manejo del filo y eso combinado con ciertos conocimientos y una actitud y determinación coherentes podrían servir de algo en determinadas ocasiones. Todas las situaciones son puntuales y raramente se repiten en sus parámetros básicos, como el tipo de agresor, tipo de agredido, tipo de arma, longitud, distancia, ángulo, altura, lugar, iluminación, obstáculos etc, etc. Por supuesto que todo depende, si te caes a la via del tren justo cuando pasa el AVE de las 18’30, estás perdido, si te caes unos segundos antes quizá puedas ponerte a salvo. No soy muy amigo de las conclusiones absolutas basadas en situaciones ficticias, nada es hipotéticamente remediable ni tampoco irremediable, cada situación en particular estará sujeta a miles de variables tanto por parte del agresor como del agredido y es tan factible el acierto como el fallo por cualquiera de ellos en un momento determinado que hará que el desarrollo del ataque se incline hacia uno u otro.
Estoy de acuerdo de que hay que obviar las consabidas coreografías tan estéticas como inútiles, no así el acondicionamiento físico, técnico y mental que cuando menos nos ayudaría a minimizar los efectos devastadores de un ataque de arma blanca. Pienso que por muy pragmático que se quiera ser en estos temas, que yo por lo menos intento tomarme en serio, hay que intentar dotar al alumno… (artículo entero en la revista)

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