El arte del manejo de la energía

Por José Antonio Martínez-Oliva Puerta

Después, prosiguió el maestro, se debe aprender a valorar el silencio. En Zenmitsu Kikô, el ejercicio fun- damental consiste en meditar en silencio. En su última visita a su maestro, estuvieron meditando seis horas seguidas con pequeños minutos de descanso cada hora. Según decía era como si los pies se enraizaran de tal forma en el suelo que llegaran hasta el mismo centro de la tierra, y como si el Universo entero pene- trara en ellos desde el Cielo. In-yô 陰陽, ying y yang, los opuestos uniéndose en el centro del practicante.

“Seguro que has sentido algo parecido en tu prác- tica de Iaidô”. Me dijo el maestro. Quizás hasta este preciso momento no he sabido explicarlo, pero ahora entiendo cómo todas las artes japonesas, al igual que el espíritu que subyace en su cultura, son inmutables. Como decía Shimada Toranosuke: “El sable es el espí- ritu, si tu espíritu no es correcto, tu sable no será co- rrecto”. Nosotros occidentales nos afanamos por racionalizarlo todo, por analizar, sintetizar, ordenar, ela- borar planes, pero olvidamos que el espíritu es algo intangible y que reside en el interior, no en los músculos ni en la capacidad pulmonar, ni en la potencia, ni en todo aquello que creemos, pobres de nosotros que nos hará más fuertes.

Sólo un maestro puede enseñarte Budô. Puedes buscarlo, encontrarlo por casualidad o prescindir de sus enseñanzas, pero sólo un maestro puede enseñarte Budô.

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